Últimamente veo mi relación amorosa con mi esposo de otra forma. Cada vez que lo veo, me apego a él, lo abrazo, lo siento hasta el hartazgo.
Me aterra la distancia que jamás habrá, las circunstancias que nunca sucederán.
Me asusta un fantasma ajeno de la soledad.
Y no por desamor. Una distancia amando, de esas que duelen.
Me aferro a mi esposo dándole todo de mi. Como si fuera capaz de lograr, de tanto abrazarlo, una estúpida simbiosis.
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